viernes, 8 de febrero de 2008
jueves, 7 de febrero de 2008
Mi pensamiento y yo
- Soy tu pensamiento
- ¿Qué quieres de mí?
- Quiero que me escuches y me prestes atención…
- Ya, pero yo no te conozco.
- Sí, me conoces más de lo que tú te crees. ¿Me dedicas unos minutos de tu vida?
- ¡No!. No me interesa perder el tiempo contigo.
- Deberías.
- ¿Por qué? No te conozco….
- Me conoces lo suficientemente para prestarme atención.
- ¿Qué quieres de mí?
- Que me escuches. Sólo eso.
- ¿Escucharte?
- Sí, escúchame, por favor.
- Te escucho…pero rápido que estoy ocupada.
- Ese es el problema. Que siempre estás ocupada y no piensas en lo verdaderamente importante.
- Y ¿qué es lo verdaderamente importante?
- Préstame atención y te lo diré cara a cara.
- No me hagas reír. ¿cara a cara? Tú no sabes lo que es eso. Sólo sabes incordiar. Esa es tu función.
- Te equivocas. Vengo a protegerte.
- ¿De qué?
- Ahora la que me haces reír eres tú, Aileon.
- Tú no puedes experimentar la sensación de una sonrisa en los labios.
- Te equivocas de nuevo. Creo que eres tú, Aileon, la que te niegas a experimentar esa sensación. Te niegas a ser feliz.
- ¡Cómo puedes decir eso! Eres un hipócrita… Eres un …
- No lo soy, y lo sabes. Pero no te enfades,sólo quiero darte dosis de felicidad, pero no me prestas atención.
………
- ¿Qué quieres, pensamiento?
- Que pienses en tí…Porque mi felicidad está en tus manos.
- Pero yo ya pienso en mí.
- No lo suficiente,y lo sabes. Esto acabara contigo y conmigo.
- ¿Pero qué quieres de mí?
- Que no me mates.
- ¿Matarte? Yo no mato a nadie, pero no me des ideas…Te lo suplico.
- Sí, lo haces …
- No, eres tú el que me mata lentamente. Eres tú el que me recuerda hechos olvidados. Eres tú el que martiriza todos los días. Eres tú el único que me produce llanto y tristeza. Eres tú el que me ‘jode’ en vida. Eres tú el que no me deja vivir. Eres tú el que deberías pensar en mí. Eres tú el que no me deja saborear las pequeñas cosas de la vida. Eres tú el que siempre tiene la última palabra. ¡Eres tú! Siempre eres tú…
- Creo que no has entendido nada de lo que te he dicho. ¡Nada!
- Déjame. No me apetece seguir hablando…Ahora no.
- Sólo te voy a dar un consejo: tu vida es la que está en juego…No pierdas la partida.
- Ahora yo te voy a dar otro : ¡Déjame en paz de una puta vez, maldito pensamiento!
Aileon
martes, 5 de febrero de 2008
El almohadón de plumas
Durante tres meses —se habían casado en abril— vivieron una dicha especial. Sin duda hubiera ella deseado menos severidad en ese rígido cielo de amor, más expansiva e incauta ternura; pero el impasible semblante de su marido la contenía siempre.
La casa en que vivían influía un poco en sus estremecimientos. La blancura del patio silencioso —frisos, columnas y estatuas de mármol— producía una otoñal impresión de palacio encantado. Dentro, el brillo glacial del estuco, sin el más leve rasguño en las altas paredes, afirmaba aquella sensación de desapacible frío. Al cruzar de una pieza a otra, los pasos hallaban eco en toda la casa, como si un largo abandono hubiera sensibilizado su resonancia.
En ese extraño nido de amor, Alicia pasó todo el otoño. No obstante, había concluido por echar un velo sobre sus antiguos sueños, y aún vivía dormida en la casa hostil, sin querer pensar en nada hasta que llegaba su marido.
No es raro que adelgazara. Tuvo un ligero ataque de influenza que se arrastró insidiosamente días y días; Alicia no se reponía nunca. Al fin una tarde pudo salir al jardín apoyada en el brazo de él. Miraba indiferente a uno y otro lado. De pronto Jordán, con honda ternura, le pasó la mano por la cabeza, y Alicia rompió en seguida en sollozos, echándole los brazos al cuello. Lloró largamente todo su espanto callado, redoblando el llanto a la menor tentativa de caricia. Luego los sollozos fueron retardándose, y aún quedó largo rato escondida en su cuello, sin moverse ni decir una palabra.
Fue ese el último día que Alicia estuvo levantada. Al día siguiente amaneció desvanecida. El médico de Jordán la examinó con suma atención, ordenándole calma y descanso absolutos.
—No sé —le dijo a Jordán en la puerta de calle, con la voz todavía baja—.Tiene una gran debilidad que no me explico, y sin vómitos, nada.. . Si mañana se despierta como hoy, llámeme enseguida.
Al otro día Alicia seguía peor. Hubo consulta. Constatóse una anemia de marcha agudísima, completamente inexplicable. Alicia no tuvo más desmayos, pero se iba visiblemente a la muerte. Todo el día el dormitorio estaba con las luces prendidas y en pleno silencio. Pasábanse horas sin oír el menor ruido. Alicia dormitaba. Jordán vivía casi en la sala, también con toda la luz encendida. Paseábase sin cesar de un extremo a otro, con incansable obstinación. La alfombra ahogaba sus pesos. A ratos entraba en el dormitorio y proseguía su mudo vaivén a lo largo de la cama, mirando a su mujer cada vez que caminaba en su dirección.
Pronto Alicia comenzó a tener alucinaciones, confusas y flotantes al principio, y que descendieron luego a ras del suelo. La joven, con los ojos desmesuradamente abiertos, no hacía sino mirar la alfombra a uno y otro lado del respaldo de la cama. Una noche se quedó de repente mirando fijamente. Al rato abrió la boca para gritar, y sus narices y labios se perlaron de sudor.
—¡Jordán! ¡Jordán! —clamó, rígida de espanto, sin dejar de mirar la alfombra.
Jordán corrió al dormitorio, y al verlo aparecer Alicia dio un alarido de horror.
—¡Soy yo, Alicia, soy yo!
Alicia lo miró con extravió, miró la alfombra, volvió a mirarlo, y después de largo rato de estupefacta confrontación, se serenó. Sonrió y tomó entre las suyas la mano de su marido, acariciándola temblando.
Entre sus alucinaciones más porfiadas, hubo un antropoide, apoyado en la alfombra sobre los dedos, que tenía fijos en ella los ojos.
Los médicos volvieron inútilmente. Había allí delante de ellos una vida que se acababa, desangrándose día a día, hora a hora, sin saber absolutamente cómo. En la última consulta Alicia yacía en estupor mientras ellos la pulsaban, pasándose de uno a otro la muñeca inerte. La observaron largo rato en silencio y siguieron al comedor.
—Pst... —se encogió de hombros desalentado su médico—. Es un caso serio... poco hay que hacer...
—¡Sólo eso me faltaba! —resopló Jordán. Y tamborileó bruscamente sobre la mesa.
Alicia fue extinguiéndose en su delirio de anemia, agravado de tarde, pero que remitía siempre en las primeras horas. Durante el día no avanzaba su enfermedad, pero cada mañana amanecía lívida, en síncope casi. Parecía que únicamente de noche se le fuera la vida en nuevas alas de sangre. Tenía siempre al despertar la sensación de estar desplomada en la cama con un millón de kilos encima. Desde el tercer día este hundimiento no la abandonó más. Apenas podía mover la cabeza. No quiso que le tocaran la cama, ni aún que le arreglaran el almohadón. Sus terrores crepusculares avanzaron en forma de monstruos que se arrastraban hasta la cama y trepaban dificultosamente por la colcha.
Perdió luego el conocimiento. Los dos días finales deliró sin cesar a media voz. Las luces continuaban fúnebremente encendidas en el dormitorio y la sala. En el silencio agónico de la casa, no se oía más que el delirio monótono que salía de la cama, y el rumor ahogado de los eternos pasos de Jordán.
Murió, por fin. La sirvienta, que entró después a deshacer la cama, sola ya, miró un rato extrañada el almohadón.
—¡Señor! —llamó a Jordán en voz baja—. En el almohadón hay manchas que parecen de sangre.
—Parecen picaduras —murmuró la sirvienta después de un rato de inmóvil observación.
—Levántelo a la luz —le dijo Jordán.
La sirvienta lo levantó, pero enseguida lo dejó caer, y se quedó mirando a aquél, lívida y temblando. Sin saber por qué, Jordán sintió que los cabellos se le erizaban.
—¿Qué hay?—murmuró con la voz ronca.
—Pesa mucho —articuló la sirvienta, sin dejar de temblar.
Jordán lo levantó; pesaba extraordinariamente. Salieron con él, y sobre la mesa del comedor Jordán cortó funda y envoltura de un tajo. Las plumas superiores volaron, y la sirvienta dio un grito de horror con toda la boca abierta, llevándose las manos crispadas a los bandós: —sobre el fondo, entre las plumas, moviendo lentamente las patas velludas, había un animal monstruoso, una bola viviente y viscosa. Estaba tan hinchado que apenas se le pronunciaba la boca.
Noche a noche, desde que Alicia había caído en cama, había aplicado sigilosamente su boca —su trompa, mejor dicho— a las sienes de aquélla, chupándole la sangre. La picadura era casi imperceptible. La remoción diaria del almohadón había impedido sin dada su desarrollo, pero desde que la joven no pudo moverse, la succión fue vertiginosa. En cinco días, en cinco noches, había vaciado a Alicia.
Estos parásitos de las aves, diminutos en el medio habitual, llegan a adquirir en ciertas condiciones proporciones enormes. La sangre humana parece serles particularmente favorable, y no es raro hallarlos en los almohadones de pluma.
Tener valor...

lunes, 4 de febrero de 2008
No se puede...
No se puede pedir un deseo y que se cumpla...
No se puede pensar en lo que uno tiene, sino en lo que nos hace falta...
No se puede conseguir algo sin antes intentarlo...
No se puede amar a alguien sino te amas a ti primero...
No se puede negar las pequeñas alegrías esperando a la gran felicidad...
No se puede ser feliz si uno no quiere serlo...
No se puede llorar sin tener un motivo aparente...
No se puede vivir sin tener ganas de vivir...
No se puede pensar en un futuro sino tienes presente...
No se puede vivir del cuento sin creer en ellos...
No se puede fracasar sin haberlo intentado...
No se puede negar algo que es evidente...
No se puede sonreír cuando en realidad te mueres por llorar...
No se puede aparentar algo que no se quiere aparentar...
No se puede ver el sol cuando hay algo delante que te lo impide...
No se puede sentir algo sin haberlo tocado...
No se puede cerrar los ojos y ver que todo está bien...
No se puede mirar hacia atrás si nadie te está llamando...
No se puede juzgar a la gente cuando no te estás juzgando a ti mismo..
No se puede soñar con algo que no pueda suceder en tu vida...
No se puede cerrar una puerta aunque sepas que hay una ventana abierta...
No se puede compartir tu alegría con alguien que quiere compartir su tristeza...
No se puede dormir cuando no aparece el sueño...
No se puede reírse de los demás cuando nunca te has reído de ti mismo...
No se puede hacer un gesto a alguien que esté de espaldas...
No se puede ser humano cuando no te comportas como tal...
No se puede dar una oportunidad a alguien que no se la merezca...
No se puede mirar arriba sin antes haber mirado abajo...
No se puede hablar con alguien que no tenga ganas de hablar...
No se puede volar sin tener alas...
No se puede señalar a alguien y quedarte mirando el dedo...
No se puede engañar a alguien sin antes saber que te estás engañando a ti mismo...
No se puede tocar las nubes sin antes tocar la tierra...
No se puede morir sin antes haber vivido...
No se puede creer en alguien que te ha demostrado que no puedes creer en él...
No se puede borrar el dolor del corazón sin antes haber perdonado...
No se puede mirar a una persona a los ojos cuando la has traicionado...
No se puede saludar sin tener a nadie delante...
No se puede seguir un camino recto cuando sólo hay caminos con curvas...
No se puede pensar y sentir, sin antes sentir en lo que vas a pensar...
No se puede mirar a quién no quiere mirarte...
No se puede mirar a un espejo y enfadarte con la imagen que refleja...
No se puede ser anciano sin haber sido niño...
No se puede tener hijos si tus padres no tuvieron descendencia...
No se puede estar callado y tener ganas de decir algo...
No se puede decir algo sin antes haberlo pensado...
No se puede acabar este escrito sin despedirme...
sábado, 2 de febrero de 2008
Un cumpleaños más a tu vera...
Fantasmas de las palabras...
viernes, 1 de febrero de 2008
Preguntas en cadena...
Fulanito/a - ¿Cuándo te casas?
- ¿Cuándo tendrás novio?
- ¿Cuándo acabarás la carrera?
Como esas preguntas la vida misma, mi vida, se ha encargado de responder, pues ahora atacan con la siguiente tanda de preguntas en cadena . Es así de simple. Ahora estoy en la fase de:
- ¿Cuándo te vas de casa?
- ¿Cuándo te compras un piso?
- ¿Cuándo vamos de boda?
Y claro ante esas preguntas, yo misma me cuestiono: ¿Será así hasta el resto de mi vida? Sé que cuando la vida se encargue de contestar de nuevo esas preguntas, vendrán otras y así sucesivamente:
- ¿Cuándo tienes un hijo?
- ¿Cuándo tienes el segundo?
- ¿Eres feliz con tu marido?
- ¿Cuántas veces lo hacéis a la semana?
- ¿No vas al gimnasio?
- ¿Tus hijos van a un colegio privado o público?
- ¿Tus hijos no quieren estudiar? Pues deberían...
- ¿Todavía no trabajan tus hijos?
- ¿Cuándo se casan?
- ¿Te llevas bien con tu nuera?
- ¿Cuándo acabas de pagar la hipoteca?
- .......
Bla, bla, bla, bla, bla, bla, bla,.....
Eso es lo que creo que me espera en un futuro. Sólo falta que, algún día ,alguien me diga,
- Oye, ¿cuándo te mueres?
Entonces ahí, cansada ya de tantas preguntas, dejaré de ser educada. Y contestaré todas las preguntas con una sola respuesta:
- ¡¡¡¡Todo eso lo haré cuando a mí me dé la real gana, he dicho!!!!!
Comentario final: Vidas hay muchas, y vacías muchas más... Como bien he dicho al principio he tratado este tema con cierta exageración, pero no estoy tan lejos de la realidad...Os lo aseguro.
Aileon

