Mi fuego cruel…
El cielo lúgubre susurró por los tristes rincones. Un viviente, hiriente en el fondo de su ser, sintió el puño del dolor, de su dolor. Dolido, mordió su despecho, su esbozo entre los odios, que son discípulos del horrible y temible rencor. Percibe los pliegues del goce de su silencio, lento, bello, pulcro, intenso, como buen ruin.
Tu tiempo, sin detenerse, es el delito de mi sufrimiento ¿Loco? No me tortures, no conozco definición. ¿Héroe? Sonrío con tu simple comprensión.
Contemplo el lucero que enciende el color del viento. Me inspiro en tu olor, dulce olor que compite con mis ceñidos orificios que no puedes sentir, ni ver. Invisibles y descoloridos.
Huye de mí con miedo. Entristece tus celos ocultos. Enfurece los sofocos de mi eréctil túnel. ¿Quieres seguir huyendo? Soy un estúpido, un memo, un imbécil, un necio, un ingenuo, un cínico, un engreído, un demente…
¿Huyes? Mi deseo son tus órdenes. El tuyo, mi hedor cubierto por el desprecio.
Quiero ¿Puedo? Necesito…
Sólo quiero tu sexo; tu lindo, oliente y gustoso sexo. Lo mismo que el mismísimo demonio. Ese es mi furtivo secreto.
Ríndete con mi polvo sin fin, suspiros doloridos por tus gritos, dedos unidos en eternos gemidos, bruscos movimientos que duermen mis sentidos. Me excito, fuego cruel…
Sigue bebiendo de mi poción, del veneno de mi serpiente. Sedúceme con tu líquido impoluto, puro e inocente. Exprime mi gozo en ti. ¡Ríndete! Te lo suplico, o miénteme.
¿Quieres morir? ¿Tienes miedo? ¿Lo sientes? Muere con este licor perverso, réprobo, pérfido, de mi terciopelo infierno. Sufre conmigo el movimiento de tu dolor. Siente mi dulce veneno en ti. Es tuyo. Poséelo. Te pertenece. Hoy no puedes huir. Hoy o siempre.
Segundos…
Minutos…
Eternos…
Silencio sonoro.
Silencio sigiloso.
Silencio…
Sepulcro.
Te tuve y… sentí morir.
Me tuviste… fue tu perdición.
Aileon
Hasta ahí, todo normal,
Nada diferente a lo que suelo escribir ¿no?
Pues bien, desde mi punto de vista, ahora viene lo mejor.
Este texto tiene dos posibles lecturas:
1. La primera sería una lectura más de un texto mío (y se supone que ya lo habéis hecho) en la que luego me dejáis un comentario.
2. La segunda sería una lectura más trabajosa, más detallada y con un fin mucho más interesante. Nada que ver con las entradas anteriores.
¿Queréis jugar?
Pues lee con atención:
Para empezar, tendrás que leerte otra vez el texto, bueno las veces que sean necesarias.
Me explico: desde el punto de vista filológico, este texto tiene un rasgo, una característica que lo hace peculiar, o distinto a los demás. Es más, lo he escrito, no dedicándole mucho tiempo, pero sí pensando en esa peculiaridad. De ahí, el juego.
¿Sabéis de qué peculiaridad se trata? Difícil, lo dudo. Fácil, lo es.
Si no queréis dedicarle más tiempo del que soléis dedicarle, es decir, de una simple lectura, lo entenderé.
Tranquilos, el truco consiste en leer detenidamente y observar atentamente. No puedo decir más, de lo contrario la respuesta sería más fácil.
En el caso de no encontrar o visualizar esa peculiaridad, yo misma la pondría en mi siguiente entrada.
Gracias por vuestra atención.
Aileon





