lunes, 22 de octubre de 2007

ÉL




Como cada mañana decidí ir a la playa a ver el amanecer. Me inspiraba muchísimo estar delante de las olas, con una vista realmente encantadora. Me gustaba ver el mar tranquilo, inquieto, como las gaviotas que volaban sobre el mar. El ruido de las olas me acompañaban en mi soledad. Me pasaba horas mirando el océano ;un océano sin límites.
En mis pensamientos sólo aparecía él. Un ser extraordinario y la razón de mi existencia.
(...)
A medida que iba escribiendo en mi diario, las olas se iban acercando a mí. Volví a mirar al mar, y empecé a recordarlo otra vez. Era como si estuviese dentro de mí. De día y de noche, como mi propia imagen. Y una lágrima recorrió mi rostro. En aquellos momentos me sentí sola, hundida, como si mi soledad pudiera más que yo. Pero volví a mirar al mar.
Mi memoria hacia él permanecía en mi mente. Sin darme cuenta llegó el atardecer...
(...)
Un atardecer meláncolico. Las olas se iban reduciendo y el sol iba desapareciendo poco a poco y en silencio. Y llegó la noche: una noche fría y húmeda. En el cielo había infinidad de estrellas, y me tumbé en la arena. Y allí estaba yo, mirando las estrellas y pensando en mi único y verdadero amor. Pero sabía que era un amor irreal e imposible. Él sólo aparecía en mi mente. Nada más. En aquel lugar, seguí recordándole.
Jamás olvidaré la soledad que sentí frente al mar. Mientras se me cerraban los ojos, el aire se iba haciendo más frío. Había llegado el invierno.


Dedicado a él. ¡Qué grande es el mar y que pequeños somos nosotros!
Aileon. Octubre '95




1 comentario:

elena dijo...

Tienes talento para la escritura :)