miércoles, 9 de abril de 2008

La migala...


La primera lectura de este cuento me dejó indiferente. Años más tarde, y leyendo más allá de las palabras, afirmo y reafirmo que es uno de los cuentos que más significan para mí, por diversos motivos.
Es lo que tienen los cuentos que para llegar a entenderlos, o llegar a la esencia o a la idea que el autor quiere transmitir, hay que leer más allá de las palabras. Gracias a ellos descubrí un mundo real entre esas palabras y la verdadera imaginación del lector/a.

Este cuento se lo dedico a todos aquellos que disfruten de los cuentos, especialmente, los hispanoamericanos (para mí son los mejores cuentistas, sin contar con el gran maestro Allan Poe), pero en especial, a mi compañera y, sin embargo, amiga Gema que, en su día, disfrutamos con los cuentos y de sus respectivos análisis en la facultad como unas niñas con zapatos nuevos.
Espero que os guste…


La migala discurre libremente por la casa, pero mi capacidad de horror no disminuye.
El día en que Beatriz y yo entramos en aquella barraca inmunda de la feria callejera, me di cuenta de que la repulsiva alimaña era lo más atroz que podía depararme el destino. Peor que el desprecio y la conmiseración brillando de pronto en una clara mirada.
Unos días más tarde volví para comprar la migala, y el sorprendido saltimbanqui me dio algunos informes acerca de sus costumbres y su alimentación extraña. Entonces comprendí que tenía en las manos, de una vez por todas, la amenaza total, la máxima dosis de terror que mi espíritu podía soportar. Recuerdo mi paso tembloroso, vacilante, cuando de regreso a la casa sentía el peso leve y denso de la araña, ese peso del cual podía descontar, con seguridad, el de la caja de madera en que la llevaba, como si fueran dos pesos totalmente diferentes: el de la madera inocente y el del impuro y ponzoñoso animal que tiraba de mí como un lastre definitivo. Dentro de aquella caja iba el infierno personal que instalaría en mi casa para destruir, para anular al otro, el descomunal infierno de los hombres.
La noche memorable en que solté a la migala en mi departamento y la vi correr como un cangrejo y ocultarse bajo un mueble, ha sido el principio de una vida indescriptible. Desde entonces, cada uno de los instantes de que dispongo ha sido recorrido por los pasos de la araña, que llena la casa con su presencia invisible.
Todas las noches tiemblo en espera de la picadura mortal. Muchas veces despierto con el cuerpo helado, tenso, inmóvil, porque el sueño ha creado para mí, con precisión, el paso cosquilleante de la aralia sobre mi piel, su peso indefinible, su consistencia de entraña. Sin embargo, siempre amanece. Estoy vivo y mi alma inútilmente se apresta y se perfecciona.
Hay días en que pienso que la migala ha desaparecido, que se ha extraviado o que ha muerto. Pero no hago nada para comprobarlo. Dejo siempre que el azar me vuelva a poner frente a ella, al salir del baño, o mientras me desvisto para echarme en la cama. A veces el silencio de la noche me trae el eco de sus pasos, que he aprendido a oír, aunque sé que son imperceptibles. Muchos días encuentro intacto el alimento que he dejado la víspera. Cuando desaparece, no sé si lo ha devorado la migala o algún otro inocente huésped de la casa.
He llegado a pensar también que acaso estoy siendo víctima de una superchería y que me hallo a merced de una falsa migala. Tal vez el saltimbanqui me ha engañado, haciéndome pagar un alto precio por un inofensivo y repugnante escarabajo.
Pero en realidad esto no tiene importancia, porque yo he consagrado a la migala con la certeza de mi muerte aplazada. En las horas más agudas del insomnio, cuando me pierdo en conjeturas y nada me tranquiliza, suele visitarme la migala. Se pasea embrolladamente por el cuarto y trata de subir con torpeza a las paredes. Se detiene, levanta su cabeza y mueve los palpos. Parece husmear, agitada, un invisible compañero.
Entonces, estremecido en mi soledad, acorralado por el pequeño monstruo, recuerdo que en otro tiempo yo soñaba en Beatriz y en su compañía imposible.
La migala, Juan José Arreola

12 comentarios:

Rayco dijo...

Me gustó y sobre todo eso de cuentistas de los hispanoamericanos jajaja

Aileon dijo...

Me alegro!! Bueno a los que escriben cuentos se les llama 'cuentistas' pero está claro que con otra connotación que nosotros le solemos dar a esa palabra...

Nalia dijo...

me ha gustado el cuento, no lo conocía, aunque me ha resultado algo angustioso... la espera de la picadura (de la muerte?), con tanta parsimonia y conformidad...

está bien que nos ilustres con nuevas historias, la verdad yo no conozco muchos "cuentistas" y me pica el gusanillo de leer más...

un besito!

Aileon dijo...

Quizá espera la picadura de la araña para no tener que vivir otro tipo de espera. Ambas sabe que lo matarán en vida.

Yo, los recomiendo. A mí siempre me ha gustado la novela,pero cuando estudié la novela corta, cuentos, me llamaron mucho más la atención. Hay mucho más jugo para sacar,y ya sabes que yo exprimo al máximo jeje
La mayoría de las novelas me dejan tal cual empiezo a leerlas. En cambio, los cuentos no. Reflexino y analizo o intento ver lo que el autor quiere mostrar al lector a través de sus palabras...

Recuerda, que detrás de cada palabra se esconde un verdadero sentimiendo ( esa frase es mía, no de ningún autor jeje)

Saludosss

isuntza dijo...

A mi tb me ha encantado y tampoco lo conocía Como decía Nalia, angustioso es el sentimiento que mejor define lo que provoca ese cuento Yo tb soy fan de los cuentos, y de la novela y de casi todo lo escrito Tienes mucha razón en eso de que pueden exprimirse más, destripar más (ésta era la palabra, no?) Me quedo con tu última frase, wapa, que es otra de esas grandes verdades universales; detrás de cada palabra se esconde un verdadero sentimiento

Cuidate mucho, niña (alfinal no has cambiado la foto y el niño triste se alegra porque esa le encanta jeje) Muxus Aileon & Rekuerdos desde el Norte, como siempre!

isuntza dijo...

Ahhhh y por cierto, me sigue picando la curiosidad de saber a qué personaje de dibujos animados dicen que te pareces, Nalia Creo que todos queremos saberlo! No puedes dejarnos así, tramposa jajaja Muxus para las dos!

Aileon dijo...

Me alegro que te guste. La verdad es que éste en especial, tiene mucho para destripar, sí, sí...esa es la palabra jeje

La foto la cambiaré jeje Hoy dejaré ésta supongo, pero pondré otra.

Naliaaaaaaaaaaaa, espero que nos contestes y nos digas a quién te pareces jeje Lo estamos esperando como agua de mayo!!!!!!

Saludos...

Herman dijo...

Este cuento es un pequeño milagro. Gracias por colgarlo aquí. Volveré.

Aileon dijo...

Me alegro que te guste! Gracias por visitarme...

Cuídate!

Hoy quiero contarte dijo...

Hola, he visitado tu blog y está muy bien. Sigue así. Si quieres, puedes pasarte también por el mio:

http://hoyquierocontarte.blogspot.com/

porque ya sabes: A nadie le amarga un cuento.

Si te parece oportuno, te agradeceré un link a mi página.

Anónimo dijo...

deberias poner un cuestionario como cuando ocurren los hechos porque es eso que necesito

Anónimo dijo...

Olle! no sabes quien es Beatriz??? necesito saber mosmenos quien es o una bunea supocisión :$ porfiis responde rapido ;(